Empecemos por lo que la arquitectura paisajista no puede ser hoy. La arquitectura paisajista no puede ser escultura porque la escultura es siempre una imposición sobre el paisaje.
La arquitectura paisajista contemporánea tampoco puede ser la continental europea del siglo XVIII, al modo de André Le Nôtre, porque ésa es al fin y al cabo un avasallamiento del paisaje. Cada vez que tratamos de diseñar el paisaje mediante puras operaciones geométricas estamos calcando a Le Nôtre y negando lo que la arquitectura paisajista puede ser hoy….
Tampoco puede ser el diseño del paisaje al estilo “jardín inglés” del siglo XIX porque ésa es una confección absurda y sentimentalista.
La arquitectura paisajista contemporánea tiene que ser una mediación entre el paisaje “silvestre” y la habitación humana. La manipulación del paisaje (topografía, vegetación, sistemas fluviales, etc.) tiene que ser obvia y evidente, pero revelando a la vez lo mejor del paisaje natural o autóctono del sitio; mediando entre él y el ser humano; permitiendo que el genius loci se exprese y no avasallándolo completamente, no haciéndolo esclavo sino “socio” de la habitación humana. Las operaciones que se realicen en el paisaje deben ir dirigidas a alcanzar el doble objetivo de:
1. Revelar y fortalecer los sistemas y procesos naturales y culturales locales (que le dan carácter particular al paisaje local); y
2. Permitir el uso y disfrute del paisaje por los seres humanos, canalizando sus expresiones culturales en ese tiempo-espacio específico con el arte como lenguaje.
El lograr estos dos objetivos simultáneamente y de forma excelsa y única es el arte fundamental de la arquitectura paisajista. El entender los sistemas naturales y culturales que forman el entretejido del paisaje (sus patrones y procesos) y saberlos manipular es la ciencia fundamental de la arquitectura paisajista.