It’s 8:00 am on a cold Sunday morning. It has rained a few hours ago…. The air is cold and moist. The cold front traversing this tropical archipelago transforms it. All is quiet; the sun tries to shine through the clouds…. Blue, gray and green… The blue-gray water of the bay and channel shimmers lightly…. Blue cranes of the port area rise above it…. Green of everything else…. Except the few white and grayish spots of buildings… The green spotted hills capitulate to the green giant rainforest of El Yunque far on the horizon…. The water taxi zips out of the channel and into the bay in its perfunctory travel, perhaps with no one inside… The sharp squeak of a red-tailed hawk transforms the city…. And in the thick of buildings, in the thick urban fabric of Miramar, Nature has taken over…. At least for the moment…
El Paisaje Reciclado: Adaptación de la Zona Costanera al Cambio Climático en Puerto Rico
El cambio climático global traerá consecuencias serias para los ecosistemas costeros de gran parte del planeta. Más aún, el cambio climático representa una amenaza para el futuro de gran parte de la humanidad ya que cada vez más los seres humanos viven en ciudades costeras. De las 17 megaciudades del mundo, 14 están en zonas costeras. Esta emigración hacia ciudades costeras coincidirá con el impacto del aumento del nivel del mar sobre el litoral habitado. Aunque el incremento del nivel del mar es ya una realidad que impacta a muchas costas y centros urbanos, todavía en Puerto Rico nos negamos a aceptar lo que será una realidad difícil durante los próximos 100 años.
El enfoque de las estrategias para enfrentar el cambio climático muchas veces se concentra en los aspectos ecológicos y oceanográficos solamente. Necesitamos, sin embargo, pensar en qué consecuencias acarrea para el ambiente humano el cambio climático y el aumento en el nivel del mar, y cómo reciclaremos los restos de ese ambiente humano luego de ser impactado. En este aspecto, la arquitectura y la arquitectura del paisaje, como disciplinas principales del diseño del espacio humano, pueden jugar un papel muy importante.
El diseño puede ayudarnos a imaginarnos escenarios alternos para el reciclaje de estos paisajes urbanos costeros impactados por la subida del mar. Las viejas estructuras y edificios tendrán que adaptarse a nuevas condiciones. Unos servirán todavía de espacio humano; otros serán espacios híbridos, reciclados, para constituirse en nuevos ecosistemas costeros donde los seres humanos convivan con los organismos marinos.
En otras partes del mundo se realizan ya trabajos de investigación y de diseño especulativo para adaptar el espacio humano de las costas a la realidad de un litoral en plena transformación. Por ejemplo, este año se presentó en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) el trabajo de un grupo de arquitectos, planificadores e ingenieros, liderados por la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Princeton, que se imaginaron escenarios alternos para el litoral de la Bahía de Nueva York. El trabajo creativo de este grupo exploró ideas sobre reciclaje del paisaje, reciclaje de estructuras y el hibridismo estructura-infraestructura verde. Otros diseñadores, como los arquitectos británicos Laura Allen y Mark Smout, se han imaginado pueblos completos sobre rieles que se desplazan según el litoral avanza tierra adentro y de esa forma reaccionan a un océano inquieto.
El diseño debe estar presente en cualquier esfuerzo de planificar o desarrollar estrategias sobre cambio climático. El diseño, más allá de soluciones tecnológicas, nos provee herramientas para imaginarnos una realidad diferente, que no existe todavía, pero que ciertamente existirá y habrá que enfrentar. Aunque el cambio climático represente retos ambientales y económicos serios, la vida continuará y será el diseño el medio por el cual psicológica y espiritualmente, al igual que materialmente, lidiemos con esa nueva realidad y hasta saquemos provecho de ella.
“The Caribbean”
On the 200th Birthday of Charles Darwin
As a 15-year old Catholic, reading “On the Origin of Species” and “Descent of Man” was a liberating experience. It opened up for me a new paradigm of the world. It helped me develop answers to the questions: “Who am I?” and “What is my relationship to the world?” Later on in college I studied biology, chemistry, and philosophy. Darwin remained for me an intellectual hero. After college I became an agnostic. Later readings, speculations, writing, meditations, and spiritual gymnastics made me return to the Catholic Church. Thinkers like Pierre Teilhard de Chardin accompanied me through the journey. The times were not right for Darwin himself to harmonize the idea of an evolutionary world and the workings of a loving God, but his sufferings on this topic certainly make him a martyr. For his spiritual struggles and his intellectual honesty despite the consequences, Charles Darwin deserves to be declared a saint.
Destiny
Destiny is everything except your degrees of freedom….
Urbanismo 101
Urbanismo o diseño urbano es el ejercicio de bien ordenar el paisaje urbano para alcanzar la mayor eficiencia de la vida en común, la mayor felicidad de los ciudadanos, el mayor disfrute del paisaje de la ciudad y la mayor salud de ese paisaje donde enclava y que a la vez conforma la ciudad. Los espacios y estructuras de la ciudad se ordenan no sólo en atención a la eficiencia de su uso sino también en atención a criterios estéticos y simbólicos, entre otros.
Los espacios públicos y los edificios tienen también en sí un valor simbólico. Pueden representar nuestros valores y las cosas a las que aspiramos como comunidad. Los edificios y espacios que representan nuestros más altos valores colectivos, por lo tanto, están generalmente emplazados o localizados en sitios importantes, visibles y privilegiados espacialmente. Sitios que generalmente tienen los mejores accesos y gran visibilidad. Son, por lo tanto, hitos del paisaje, puntos de referencia espacial y cognoscitiva, y símbolos de nuestra historia y vida en común.
Estos edificios o espacios públicos especiales exigen cierto dominio sobre su entorno; requieren más espacio que otros tipos de edificios o lugares. Así, por ejemplo, a nadie se le ocurriría construir una torre multipisos en frente de El Capitolio o a pocos metros de La Fortaleza o en el Campo de El Morro. Estos edificios y lugares exigen “tener su espacio”, respirar, ser vistos y poder mirar, llegar a ellos con facilidad.
Los escasos niveles de nuestro Tribunal Supremo, con su admirable arquitectura, merecen también ese espacio especial. Porque, independientemente de la realidad de nuestro sistema jurídico, sea linda o fea, el Tribunal Supremo de Puerto Rico representa la aspiración de justicia para todos los miembros de nuestra comunidad puertorriqueña.
Desde hace unos años para acá, ese espacio de nuestro Tribunal Supremo ha sido lenta y progresivamente violado. Y hoy su sede parece un David rodeado de Goliats. Quizás ya es demasiado tarde, no lo sé. Pero si lo es, no olvidemos jamás esta lección básica de urbanismo.
La arquitectura paisajista como urbanismo
Durante el mes de abril celebramos la semana de la arquitectura paisajista, disciplina del diseño de relativa corta vida en Puerto Rico. Hace sólo un año y medio que comenzó el primer programa académico de arquitectura paisajista en nuestro país (y el primero de todo el Caribe), en la Universidad Politécnica de Puerto Rico. Los arquitectos paisajistas de Puerto Rico somos sólo unos 40, aunque este número crecerá muy pronto gracias a la escuela recién fundada.
Los arquitectos paisajistas diseñan todos los espacios exteriores o “el paisaje”, que es el conjunto de los elementos físicos, biológicos y culturales (edificados) de una región geográfica amplia. El paisaje no es simplemente una vista bonita o un jardín, sino que es el entretejido de ríos, valles, montañas, bosques, flora, fauna, costas, edificios, carreteras, parques y todo lo demás, junto con las relaciones mutuas entre todos esos elementos. El paisaje es, por lo tanto, viviente, dinámico y está en constante transformación debido a causas naturales y sociales.
Los orígenes de la arquitectura paisajista como profesión se encuentran a mediados del siglo XIX cuando muchas ciudades de Europa y Norteamérica se expandían rápidamente por el cambio social y económico que representó la revolución industrial. Frederick Law Olmsted, diseñador del Parque Central de Nueva York y del sistema de parques de Boston (conocido como “el Collar Esmeralda”), es considerado como el fundador de la profesión. Pero, por supuesto, la práctica humana de crear jardines y modificar el entorno natural para su habitación se remonta al origen mismo del ser humano.
La preocupación de Olmsted era crear espacios públicos que balancearan las presiones de la vida urbana industrializada. Quería crear espacios amplios y verdes en donde se pudiera respirar “aire puro” y que sirvieran para la recreación y el encuentro social. Los parques de Olmsted, más allá de bonitos jardines para la recreación, se convirtieron, tanto en Nueva York como en Boston, en importantes centros de expansión de la ciudad y en infraestructura verde indispensable para el funcionamiento de la ciudad agrandada.
En cierta medida la arquitectura paisajista de hoy día ha vuelto a esas raíces fundacionales, aunque por razones diferentes. La arquitectura paisajista de hoy está enfocada más y más en borrar las fronteras entre “lo construido” y “lo natural”; en el desarrollo de la ciudad como paisaje que es; y en los procesos de urbanización y re-urbanización. En otras palabras, está enfocada en repensar la ciudad a través del medio del paisaje.
El paisaje no es visto ya como el espacio que sobra entre los edificios sino como la matriz o base sobre la que se construye la ciudad. El paisaje dejó de ser el trasfondo escenográfico del diario vivir para convertirse en la estructura misma que nos permite la vida en una sociedad saludable. Como dijera el afamado arquitecto holandés Rem Koolhaas: cada vez más el paisaje es el elemento primario de ordenamiento urbano.
Este cambio de paradigma (de CIUDAD-paisaje a PAISAJE-ciudad) es fundamental y nos permite acercarnos a lo que podría ser la sostenibilidad ecológica y económica de la ciudad del futuro. La arquitectura paisajista de hoy, más que diseñar condiciones finales, diseña estrategias de intervención para crear o restablecer sistemas (naturales, sociales, infraestructurales, espaciales) y para echar a andar procesos (naturales, semi-naturales, de urbanización). A través del diseño, el arquitecto paisajista sirve de mediador entre “la naturaleza” y el ser humano para que la habitación del paisaje sea lo más armónica posible. Todo este esfuerzo se hace teniendo en mente que el paisaje es también un producto cultural de altas aspiraciones estéticas.
En Puerto Rico tenemos varios ejemplos de obras de arquitectura paisajista que han influenciado de manera positiva la forma en que se vive la ciudad y la forma en que la ciudad se proyecta hacia el futuro. Los nuevos parques del Condado, como La Ventana al Mar y el Parque del Indio, por ejemplo, han sido tremendamente exitosos en muchos aspectos. Estas intervenciones puntuales del arquitecto Andrés Mignucci no son obras aisladas sino elementos de una estrategia de paisaje que ha logrado abrir este denso sector de la ciudad hacia el mar, su más preciado recurso. No hace falta más que visitarlos para ver lo exitosos que han sido como nodos urbanos de variada actividad y función y como verdadera infraestructura verde de la ciudad.
La arquitectura paisajista promete grandes contribuciones al desarrollo de Puerto Rico: desde la integración de la infraestructura de transportación hasta el re-desarrollo de nuestros frentes portuarios. Hace falta, sin embargo, que el país conozca esta disciplina del diseño e incluya en sus equipos de trabajo a arquitectos paisajistas locales. La arquitectura paisajista es, hoy por hoy, la disciplina del diseño que más puede contribuir a alcanzar el país sostenible que todos queremos.
Oxígeno, please!
La vida urbana en Puerto Rico nos da muchísimas conveniencias, oportunidades y placeres que no nos provee el suburbio. El estar más juntitos unos con otros brinda una gama entera de posibilidades: desde no tener que gastar gasolina cara para ir a comprar pan hasta poder ver una ópera sin tener que viajar kilómetros sin fin. Pero como en todo, también hay retos y recientemente se me hace más evidente uno en particular: la pobre calidad del aire de nuestras ciudades.
La calidad del aire en Puerto Rico es buena en términos generales. Digamos que por lo menos las grandes fuentes de contaminación están reguladas. Sin embargo, en las ciudades parecería que la calidad del aire empeora cada vez más. Hay un sinnúmero de fuentes contaminantes, pequeñas y difusas, que nadie mira pero que tienen un impacto real, aunque sea brevemente o en áreas específicas.
Quizás son cosas mías, pero parece que desde hace un par de años más y más carros y camiones echan humo negro al aire. La contaminación del aire en las ciudades debido a los automóviles, camiones y autobuses parece mucho mayor hoy de lo que parecía algunos años atrás. ¿Será que no tenemos dinero para llevar el carro al mecánico? ¿Qué pasa con las supuestas inspecciones de emisiones que se hacen periódicamente? Fíjese la próxima vez que vaya por cualquier carretera cuántos carros y camiones humean; verá que son una porción significativa de todos los que van enfrente suyo. La cantidad de materia particulada que emiten tiene que impactar la calidad del aire que respiramos, más aún en la ciudad, donde hay una mayor concentración de vehículos.
Otras fuentes comunes de contaminación del aire en la ciudad son los proyectos de construcción. El otro día iba caminando por el Condado y de momento veo una nube levantarse con el viento. Pensé que era el salitre del mar que comúnmente opaca la visibilidad en las costas. Pero no; era polvo fugitivo de un edificio en construcción. El polvo era tal que nublaba la vista en plena tarde. Como si fuera poco, había un hombre “barriendo” hojas secas en la calle con uno de esos “blowers” que se usan ahora y que levantan más polvo de lo que barren.
Y así siguiendo, parecería que tenemos cada vez más fuentes pequeñas, difusas o temporales de contaminación del aire que impactan la calidad de vida en la ciudad. No soy partidario del gobierno gigante y creo que muchas veces “less is more” a la hora de gobernar, pero quizás estamos pasando por alto pequeñas cosas que en conjunto sí tienen un impacto grande sobre la calidad del aire que respiramos. En un país como el nuestro, en donde la tasa de niños con enfermedades respiratorias es tan alta, los camiones humeantes, el polvo fugitivo de la construcción y los “blowers” para barrer hojas secas no son pequeñeces. Oxígeno, please!

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